POE SIGLO XXI

 

    "Poe: Siglo XXI", es un homenaje al gran escritor estadounidense Edgar Allan Poe, por medio de relatos de ciencia ficción de autores costarricenses.

 

Iván Molina enfoca nuestra atención en "Anti-Eureka" hacia a un hecho poco conocido: Poe jugó con la idea del Big Bang 80 años antes de su formulación. "El Legado del Cuervo", Luis E. Jara Cubillo, el cuervo no sólo se da un paseo por San José, sino que sugiere la posesión macabra del escritor.
En "Las Campanas’, Manuel Delgado nos lleva a visitar a Poe en una "casa de salud".
"El Modelo Defectuoso" de Laura Quijano nos acerca por completo al horror, intenso y real del mundo de Poe, pero en el siglo XXI.
Evelyn Ugalde en "A Costa Rica, ¡Nunca Más!", nos presenta al neurótico escritor que se las ve difíciles para superar el carácter surrealista de nuestra realidad nacional. 
Antonio Chamu nos sirve "Otro Barril de Amontillado" para acompañar uno de los peores terrores: el de sospecharse demente. 
"Vórtice", de Daniel Garro, logra transmitir vívidamente una imagen de una belleza tan enorme que resulta espantosa.
Mariana Castillo propone en "En Su Defensa", una idea que puede ser la perdición de cualquiera: ¿qué tal si adaptamos las historias de Poe a un formato holográfico completamente interactivo?
 
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 PRIMER libro publicado por
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PRESENTACIÓN DEL LIBRO SERÁ EL MIÉRCOLES 8 DE DICIEMBRE, 6 :30 EN BIBLIOTECA MARK TWAIN DE CENTRO CULTURAL NORTEAMERICANO  
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 Las Ilustraciones son de Josué Garro, aqui una muestra de algunas de ellas:

Cuento: "A Costa Rica nunca màs" de Evelyn Ugalde

 
Fragmento de este cuento:

"Pero lo más difícil de mi vida en Costa Rica estaba por venir: yo que creía haber visto cosas horribles en este mundo, no me imaginé poder asustarme con tan solo un primer paseo por la capital. Era increíble ver que yo, el llamado por mis amigos "el creador del demonio de la perversidad", estaba que me moría del miedo en uno de esos carruajes blancos de varias ruedas llamados Periférica. Gente encima de mí, gente pisoteando gente, bullicio, estrujazón, trompetas a las que aquí llaman pitos, gritos ofensivos a las madres de otros, humo, falta de aire, escándalo...
Yo que pensé que el ser enterrado vivo era lo peor que podía existir, nunca me imaginé que iba a sentirme más asfixiado cuando un "orangután" al mejor estilo de Los crímenes de la Calle Morgue me gritaba: "¡la barra, la barra, el señor de bigote, córrase que está bloqueando la barra¡"
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Las campanas de Manuel Delgado
 
 
 
 Y le explicó que Eddie se hallaba bien, con sus fugas de la realidad o esa realidad suya que no era más que una fuga ininterrumpida. Virginia hubiera querido llorar, hubiera querido insistir, pero el suyo era como la muerte: un camino del que no se regresa aunque la carcoman a una los deseos.
Después de ese encuentro se volvió a perder en esa especie de nada que es la desaparición, el ocultamiento bajo una pesada lápida de una identidad cambiada, otros vecinos, otras familias. No se supo más de ella. Para todos se hallaba enterrada en el cementerio de Westminster, Baltimore, el mismo que esperaba la llegada, algún día, de los restos del poeta.
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Vórtice de Daniel Garro:
 
 
 
 

 

 
 

Fragmento del cuento:

—¡Oh, demonios! ¡Ya basta! ¡Tú sabes perfectamente dónde está! ¡Tú lo sabes! ¡Siempre lo has sabido! —Señalé la lámina—. ¡Ahí está el maldito! ¡Ahí está! ¡Justo bajo tus pies! ¡Maldición! ¡Ahí donde suena ese maldito ruido! ¡Ese maldito ruido! ¡Me está volviendo loco!
John primero miró hacia abajo, hacia donde yo señalaba; luego, me miró perplejo durante un instante, me tomó de los brazos (yo estaba golpeándome la cabeza con las manos, prefería eso mil veces a escuchar el insoportable ruido), y me zarandeó con fuerza, gritando:
—¿De qué hablas? ¿Qué demonios te sucede!
—¡Calvin está ahí debajo! ¡Está ahí debajo! ¡Ahí! ¡Ahí donde suena su maldito corazón!
John me soltó, con una mueca más de asombro que de ira. Empuñó el destornillador y arremetió finalmente contra la lámina correcta. Saltaron los ocho tornillos en cuestión de segundos, salió volando la lámina hacia un rincón, y mi hermano contempló el hallazgo con un dibujo de horror en su cara. Luego, la mueca de horror se convirtió en algo mucho más histérico de lo yo que había visto antes y empezó a reír, a carcajearse como demente; pero con ese matiz de alguien que se burla de algo que definitivamente no es gracioso. Metió el brazo en el hueco del piso y extrajo un brazo robótico humanoide cortado desde el hombro. Era de color platino azulado y, en el sitio de la amputación, todavía goteaba un muñón de fibra esquelética, envuelto por músculo sintético y una maraña de microcables y conductos, apelmazados por aquella sustancia negra aceitosa tan semejante a la sangre".

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Otro barril de amontillado: Antonio Chamu

Fragmento del cuento:

Mis visitas al "El escarabajo dorado" se volvieron aun más frecuentes con los días; tomar de esa sustancia me hacía sentir tranquilo. Con el tiempo noté que sin caer en un estado etílico que me incapacitara los colores no surgían. Era una mala medicina que me estaba previniendo de un terrible mal. ¿Sería el ingrediente secreto?
Mi práctica diaria era pasar y beber un par de copas de amontillado, algunas veces me crucé con Annabel Lee con un trago social; sin embargo, era una compañía distante y evasiva; una vez, mientras le hablaba con tristeza de lo mucho que amaba a Berenice colocó, de forma accidental, asumo, su mano biónica sobre la mía: era fría y áspera. Posiblemente por la expresión que hice de espanto la retiro rápidamente disculpándose y desde allí evitó volver a tocarme más, yo le continué hablando a ella de mi esposa Berenice y de cuánto la extrañaba a la par mía, pero que tenía tiempo sin verla, y que la extrañaba completamente. Con el tiempo Annabel parecía cada vez más indiferente a mis comentarios, más autómata que humana, bebía, y luego se iba, como a quien no le importa un comentario.
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 Cuento “En su defensa” de Mariana Castillo


Fragmento del cuento:

cabo de siete meses los escenarios estaban completos, solo faltaba insertar la historia. Yo había aprovechado el tiempo libre que me quedaba para leer cuanto pudiera de la biblioteca de Emilie y, como finalmente había logrado reprimir mis sentimientos, gracias a la idea de que en pocas semanas dejaría de verla para siempre; pude disfrutar sin sobresaltos de nuestras lecturas conjuntas, especialmente las de Poe.

Fue durante aquellas tardes de café y literatura que comenzó a preocuparme el resultado final de mi trabajo, pues aunque estaba seguro de haber impregnado mis creaciones con la lúgubre melancolía con la que tanto me identificaba, mis conversaciones con Emilie me habían puesto a la defensiva.

Apenas tres días más tarde, luego de que amenazara con desvincularme completamente del proyecto si no me daba acceso a la historia, Edgar me dejó leer el guión. Pocas veces he leído ideas tan disparatadas en mi vida, y aun hoy, sigo sin entender cómo llegaron a su cabeza. El recelo de Emilie estaba totalmente justificado.
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“El legado del cuervo” de Luis Jara

Fragmento del cuento:

 “El cuervo apagó los tizones encendidos de sus ojos. Su mente registró una película en alta velocidad con imágenes de sus viajes en el tiempo, desde aquel año de 1849 hasta la actualidad. Una tarea asignada por su creador. Edgar Allan Poe necesitaba a un elegido, un ungido sin tiempo ni espacio, un apasionado de las letras que pensara que la imaginación es el vehículo y la vida simplemente es una plataforma de paso.

Mostró sus alas rotas, así como sus plumas roídas en sus bordes y quemadas en las puntas. Muchos viajes, pocos los prospectos. Sus ojos fueron capaces de ver como el papel impreso competía con proyecciones en plasma de mensajes que detenían los sueños, aquellos que se sembraban cuando un lector era un viajero y cada palabra de una obra permitían a los cohetes de la fantasía despegar de nuevo.”
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“El modelo defectuoso” de Laura Quijano

Fragmento del cuento:

La desgracia sobrevino cuando Sergio intentó llevar más lejos el resultado para lograr un efecto de impacto y luego de una agria discusión con su padre, malogró el androide. Don Ernesto, presionado por la deuda, desgastado por años de labor sin descanso, agobiado también por una edad avanzada, sufrió un ataque cardíaco fulminante y murió en los brazos de su atónito hijo. Desesperado, Sergio intentó salvar a su padre, y sólo por el arte de sus inmensos conocimientos, había logrado aislar el cerebro y mantenerlo vivo en un recipiente neutral, mientras intentaba reconstruir el androide. Sin embargo, sin la experiencia y la vasta sapiencia de don Ernesto, además de encontrarse agobiado por una culpa abrumadora, Sergio no logró recuperar el androide y se vio ante la necesidad de reportar su fracaso al inversionista.

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AntiEureka de Iván Molina
Fragmento de l cuento: 
El escándalo fue enorme, y creció todavía más luego de que mi marido demandó una satisfacción. Al final, el duelo no se efectuó; pero el daño era profundo e irreversible. Poe volvió a alcoholizarse, tuvo una pelea con uno de los caballeros que se ofreció a servirle de padrino y los periódicos empezaron a esparcir el rumor de que estaba loco. La condición de su esposa, afectada por las denuncias anónimas que recibía a diario, se agravó.

Al comunicar a Razatroc lo sucedido, su comentario fue esencialmente pragmático:

—La crisis personal por la que atraviesa Poe es muy lamentable, pero conviene a los intereses del Comité: en el caos en que vive actualmente, parece bastante difícil que pueda escribir Eureka.

 
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